Sé que soy uno más, pero no puedo evitar casi siempre sentirme separado de los demás, por lo que dicen, lo que hacen, lo que creen, lo que elijen, lo que ronda dentro de sus cabezas, por los principios que se rigen.


Me veo ajeno y reacio a sus movidas, y aunque el tiempo y el espacio pongan cerca nuestras vidas, nuestros caminos se distancian, lo digo con naturalidad y no con arrogancia.


Si no muestro interés por sus ritos, no sigo a sus líderes, ni piso sus garitos. De chico me escocía, hoy no es que no me ría, pero es que antes que sus vidas prefiero vivir la mía.

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